Pablo Neruda: El horror oculto tras el genio poeta

Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en el que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mi sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama […] El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”.

Con estos escalofriantes párrafos, Pablo Neruda, en su autobiografía ‘Confieso que he vivido’, publicada en el año 1974 narraba, como quién cuenta un encontronazo fortuito, la violación que llevó a cabo a una joven hindú en la isla de Celián (actual Sri Lanka) mientras ejercía de cónsul honorario de Chile entre enero de 1929 y junio de 1930, a la edad de 24 años.

Muchos atribuyen estos versos a la ficción, muchos a un simple escenario imaginario de un joven chileno en tierras extranjeras. Sin embargo, la vida personal y privada del poeta, corroborada por personas que lo conocieron e historiadores, reflejan un lado oscuro y monstruoso de su persona que hacen difícil de creer las excusas de fanáticos desesperados por proteger la figura de uno de los poetas más importantes del siglo XX. Sobre todo, cuando hablamos de la triste y desgarradora historia de su única hija Malva. Y de cómo el poeta la abandonó junto con su madre dos años después de su nacimiento.

Malva, fruto de su primer matrimonio con la holandesa Maria Hagenaar Vogelzang, nació en un hospital madrileño el 18 de agosto de 1934 diagnosticada de hidrocefalia, una enfermedad que provoca una acumulación de líquido dentro del cráneo, que lleva a que se presente una notable hinchazón del cerebro y de la cabeza.

Las alegrías de la buena nueva pronto comienzan a desaparecer para el poeta. Un mes después de su nacimiento, prácticamente reniega de ella. “Un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos”. Así la describía el poeta en carta a su amiga argentina Sara Tornú, en donde se lamentaba de su sufrimiento, tras varias semanas de cuidados y de visitas al médico por la condición e inestabilidad de la pequeña.

Con el estallido de la Guerra Civil en España en 1936 y la persecución y ejecuciones de literarios e intelectuales contrarios al régimen y amigos personales del poeta, Neruda se marcha de Madrid y abandona a su mujer e hija en Montecarlo. El 8 de noviembre de 1936 el poeta verá por última vez a su hija.

Abandonadas y sin dinero, ya que el poeta se niega a cubrir los gastos de la manutención de la pequeña (una cifra de tan solo 100 dólares), Maria decide poner rumbo a La Haya (Holanda) en busca de un trabajo y de un hostal en el que poder cuidar de su hija enferma. Una vez allí logra encontrar a una pareja, el matrimonio Hendrik Julsing y Gerdina Sierks dispuestos a cuidar a Malvita a cambio de dinero. Con ellos, la pequeña pasará sus días en compañía de los hijos de la pareja solo pudiendo ver a su madre pocas veces al año mientras ella trabaja para cubrir sus gastos en la ciudad de Gouda.

Tumba en el cementerio de Ouder Begraafplats de la hija de Pablo Neruda, Malva Marina
Tumba en el cementerio de Ouder Begraafplats de la hija de Pablo Neruda, Malva Marina Johi / CC BY-SA (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/)

Lamentablemente la pequeña acaba muriendo el 2 de marzo de 1943 a la edad de ocho años como consecuencia de su enfermedad y de la falta de cuidados médicos de la época. Neruda se entera de su fallecimiento por un telegrama, que decide no responder.

Maltiva está enterrada en el cementero de Ouder Begraafplats, junto a la orilla que divide a la ciudad holandesa de Gouda. El rastro de su madre se pierde también con el fallecimiento de su hija, al dejar de escribir al poeta pidiéndole la manutención de 100 dólares al mes que siempre le reclamaba y del que no llevó a ver ni un duro.

La verdad sobre la hija de Pablo Neruda siempre fue un secreto en su historia y en su biografía. Las únicas fotos de la pequeña que se conocen fueron tomadas por su padre de acogida holandés, Fred Julsing y actualmente, su historia se ha empezado a conocer a raíz de la novela de la poeta Hagar Peeters, titulada ‘Malva’.

Neruda nunca menciona a su hija en ninguno de sus libros y los pocos relatos que se encuentran de la pequeña Malva fueron escritos por escritores españoles de la generación del 27, como Vicente Aleixandre o Federico García Lorca en el que relatan con pesar la frágil condición y vida de la pequeña Neruda.

Malva Marina ¡quién pudiera verte

delfín de amor sobre las viejas olas,

cuando el vals de tu América destila

veneno y sangre de mortal paloma!

¡Quién pudiera quebrar los pies oscuros

de la noche que ladra por las rocas

y detener al aire inmenso y triste

que lleva dalias y devuelve sombras!

El Elefante blanco está pensando

si te dará una espada o una rosa;

Java, llamas de acero y mano verde,

el mar de Chile, valses y coronas.

Niñita de Madrid, Malva Marina,

no quiero darte flor ni caracola;

ramo de sal y amor, celeste lumbre,

pongo pensando en ti sobre tu boca.

Federico García Lorca

Publicado por Carmen Gila Medina

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y con un Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política. Apasionada de la historia, la comunicación y la literatura.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: