Pablo Picasso, el pintor que conducía al suicidio

Para pintar una paloma primero hay que retorcerle el cuello”. Con estas simples palabras, Pablo Ruiz Picasso, genio pintor y una de las personas más importantes del siglo XX relataba, con determinación, los sacrificios que estaba dispuesto a correr por su arte. La frase era recordada por su nieta, Marina Picasso, en su libro biográfico dedicado a su ‘Abuelo’, en el que, con rencor, describía al pintor como un “misógino capaz de emponzoñar y destruir a todos los que se encontraban a su alrededor”. Unas palabras que, viendo el recorrido y la vida de las personas más íntimas del artista, podrían cobrar sentido.

Al menos siete personas cercanas a Picasso acabaron sucumbiendo al suicidio. Unas en vida del pintor, otras tras su muerte. Sin embargo, tanto familiares como biógrafos siempre encuentran el mismo denominador común en las muertes: Pablo Picasso.

Con una fuerte personalidad, una determinación y ambición enfermiza, y una obsesión por las mujeres, Pablo Picasso iba destrozando la vida de las personas que desafortunadamente se cruzaban por su camino. Ya fuera mermando su capacidad creativa (entre competidores y amigos) o su libertad personal (con todas sus mujeres y amantes), el pintor deseaba controlar la vida de todas las personas que formaban parte de su círculo personal. Algo que a muchas de ellas acabaría costándoles su salud mental y, lamentablemente en ocasiones, su vida.

Carles Casagemas

Fotografía de Picasso, Angel Fernández de Soto y Casagemas – De Bodegas Güell – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0

Amigo íntimo de Pablo Picasso en su juventud, a la edad de veinte años acabó con su vida en un restaurante de París pegándose un tiro en la sien. Hijo de Manuel Casagemas, un político catalán de influencia en España que ejerció como cónsul de Estados Unidos en Cataluña, conoció a Picasso en el año 1899 en el taller de la calle Riera de Sant Joan, número 17, de Barcelona.

Pintor, dibujante, amante de la literatura y la filosofía, emigró con Picasso a París, con motivo de la Exposición Universal de 1900, en busca de éxito y reconocimiento. Con él, Picasso encontró sus primeros éxitos, disfrutó de la noche parisina y de las compañías femeninas de Montmartre. 

Sin embargo, su relación comenzó a tornarse obsesiva. Pese a su amistad, entre ellos comenzó a emanar una competitividad y rivalidad insana. Competían por diversión, pintaban los mismos paisajes, a las mismas mujeres, las mismas historias. Tras una monumental bronca, en la que se dice que ambos rompieron su amistad, Casagemas decidió acabar con su vida de forma dramática pegándose un tiro en la sien, en compañía de su amante Germaine, en un restaurante de París. Las malas lenguas hablan que Picasso también había tenido una relación amorosa con Germaine y que, tras utilizarlo como arma contra Casagemas durante la pelea, el artista decidió quitarse la vida, intentando también acabar en el restaurante con la vida de su amante, que afortunadamente salió ilesa.

Jacqueline Roque

Jacqueline Roque junto a uno de sus retratos de Picasso – Foto de Douglas Duncan

Jacqueline Roque, última mujer de Pablo Picasso y según el artista, la única mujer de la que se había enamorado, acabó suicidándose, al igual que Casagemas, de un tiro en la sien tras la muerte del pintor.

Se conocieron en Francia, cuando la joven no tenía más que 27 años y el pintor 74 años. Pronto se trasladaron a la residencia de Picasso, en donde disfrutaron de una relación tóxica propia de novelas de sadomasoquismo, en la que, para la joven, Picasso era su amo y para él, ella era su musa sumisa. Has entrado en sacerdocio, ahora me llamarás monseñorpronunció el pintor cuando Jacqueline accedió a vivir con él.

Cuando Picasso enfermó, cuido de él durante todos sus años de enfermedad. Le bañaba, le daba de comer, seguía sirviendo como musa, haciéndole compañía, mientras él seguía ejerciendo una influencia posesiva hasta tal punto que, tras la muerte del pintor a la edad de 91 años, Jacqueline, alcoholizada y deprimida, decidió pegarse un tiro al no saber vivir sin él.

Sucumbió al suicidio tras permanecer durante tres años aislada en su castillo de Notre-Dame de Vile, en la rivera francesa. Poco antes, había donado al Museo de Barcelona la única obra de Picasso que nunca permitió que se vendiera. Lo hizo, tras enterarse, a través de la herencia del pintor que, pese a las palabras de amor de Picasso, para él ella había sido la menos importante de sus amantes.

Paulo Ruiz Picasso

Fotografía de Picasso junto a su primera mujer
Olga y su hijo Paulo

Hijo del primer matrimonio de Picasso con la bailarina de ballet ruso, Olga Khokhlova, Paulo llegó al mundo el 4 de febrero de 1921. Lo hizo en un matrimonio roto, en el que las discusiones y enfrentamientos fueron el pan de cada día para el joven Picasso hasta la separación de sus padres. Sobreprotegido por su madre y despreciado por su padre, Paulo, pese a poseer talento para el ciclismo y motociclismo, se convirtió en un alcohólico empedernido que sirvió al pintor como su chófer personal hasta prácticamente su muerte.

Pese a ser el único hijo del pintor que permaneció con él tras su matrimonio con la segunda esposa de Picasso, Jacqueline, el pintor siguió despreciándolo y tratándolo como a un mero sirviente, pese a ser, tras la muerte de su madre, el heredero potencial de la mitad de los cuadros del pintor por testamento. Paulo, pese a sufrir una economía precaria, junto con sus dos hijos fruto de su primer matrimonio con una mujer aún más inestable que él, llamada Émilienne, nunca demandó al artista dinero. Murió alcoholizado y dejando en una tremenda pobreza a su familia a la edad de cincuenta y cuatro años.

Pablito Picasso

Picasso junto a su nieto ‘Pablito’

Hijo del único hijo legítimo de Pablo Picasso, Paulo, con la francesa Émilienne, Pablo Picasso, también conocido como Pablito, vivió los veinticuatro años de su vida a la sombra de un abuelo que no le quería y que él adoraba.

Su vida nunca fue fácil. La inestabilidad de sus padres y la precariedad económica de su familia hicieron que Pablito se criara en un ambiente de locura, que pronto empezaron a hacer mella en el joven al sufrir terribles depresiones que le llevaron prácticamente a la locura. El segundo matrimonio de su padre con la activista Christine Pauplin y el nacimiento de su medio hermano Bernard, que pronto cautivó a su abuelo apartándole así aun más de su lado, fueron el detonante que acabó por destruir la personalidad de Pablito.

Comenzó a consumir drogas, empezó a alejarse de los pocos amigos que disponía, desaparecía varios días… En sus momentos de máxima locura, a través de ‘llamadas de socorro’ como acampar frente a la mansión francesa de Picasso o robar algún cuadro, el joven intentaba llamar la atención de un abuelo que despreciaba su vida y su existencia de la misma forma que había hecho con su padre, Paulo.

Cuando Picasso murió a la edad de 91 años, su mujer Jacqueline prohibió velar el cuerpo a todos los hijos de Picasso no permitiéndoles asistir al entierro. Este último hecho provocó que Pablito, presa de la tristeza y de la humillación, decidiera beberse una botella de lejía como forma de morir. Sin embargo, el veneno no le mató y, durante varios meses, vivió agonizante presa de una hemorragia intestinal en un hospital hasta su muerte a la edad de veinticuatro años.

Marie-Thérèse Walter

Marie-Thérèse Walter

Tienes una cara interesante, me gustaría hacerte un retrato, creo que vamos a hacer grandes cosas juntos, soy Picasso”. Con estas palabras Picasso, de 47 años conoció el 8 de enero de 1927 a una jovencísima de diecisiete años Marie-Thérèse Walter a la salida de las galerías Lafayette en París. De ese encuentro fortuito acabaría rompiéndose su matrimonio con la bailarina de ballet rusa, Olga Khokholva, y comenzando una relación extramatrimonial que duraría ocho años.

De su relación saldrían muchos de los mejores cuadros del artista. En 1930, aún manteniendo una relación con Olga, Picasso compró a las afueras de París el Castillo de Sotheby’s para Marie-Thérèse solo para poder disponer de ella como musa.

‘La mujer sentada’, ‘La lectura’ ‘Mujer con el pelo rubio’… durante años Picasso retrato de todas las formas posibles a Marie-Thérèse hasta que en 1935 dio a luz a la hija de ambos, Maya, llamada en realidad María de la Concepción en recuerdo de la hermana fallecida de Picasso.

Sin embargo, su idílico romance acabaría llegando a su fin varios meses después del nacimiento de Maya ya que, Picasso pronto la sustituiría por la famosa fotógrafa Dora Maar, conocida por ser la mujer de Picasso que retrató mediante fotografías la creación de su obra más famosa: El Guernica.

Aun así, Marie-Thérèse siguió permaneciendo muy unida al pintor, algunos dicen aún como amante, por su hija Maya. Sin embargo, su vida pronto acabaría en un triste final. A la edad de sesenta y ocho años y cuatro años después de la muerte del pintor decidió acabar con su vida ahorcándose en el garaje de su casa. Poco después su hija sacó a la luz unas palabras que había escrito su madre poco tiempo antes de morir en el que relataba, con sencillez, la relación tortuosa y de sumisión característica de las relaciones que había mantenido Picasso con muchas de sus mujeres que acabaron, lamentablemente, renunciando a la vida. “Soy Marie-Thérèse Walter. Cuando Picasso me atrapo, yo solo tenía 17 años. Estuve siete años con él y le di una hija, Maya. Dicen que fui la más sensual, la más cariñosa, la más dulce”.

Publicado por Carmen Gila Medina

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y con un Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política. Apasionada de la historia, la comunicación y la literatura.

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